20. jun., 2016

Texto

Cuento de Dos Ángeles.

 

En un tiempo donde todos alguna vez hemos estado, en un lugar tan cercano como la tierra que habitamos, dos Ángeles recorrían los caminos. Uno era un Ángel viejo y lleno de sabiduría que le habían asignado a un joven Ángel, al que aún le faltaba la experiencia y la paciencia que da la sabiduría para poder caminar solo.

Los dos ángeles cansados de andar, llegaron a las puertas de una rica familia y pidieron cobijo para poder pasar la noche, el dueño de la casa casi a empujones y solo pretendiendo que se alejaran de su puerta, les dejó dormir en una casucha que se encontraba dentro de su propiedad y les dio las sobras de la opulenta cena de la familia.

Cuando los dos Ángeles se preparaban para tumbarse en el frío suelo de la casa y descansar, el Ángel más viejo observó  que en una de las paredes de la desvencijada estancia había un agujero enorme. Pidiendo al joven Ángel que le ayudara se dispuso a arreglar ese agujero.

El joven Ángel, malhumorado por el trato recibido y sin entender porque su compañero se esmeraba en el arreglo dijo airado, “No lo comprendo!! No es justo!!

El viejo Ángel esbozando una sonrisa y con voz serena le contestó, “Las cosas no son como parecen!  Y siguió afanado en la tarea de tapar el desperfecto, mientras de mala gana su joven compañero le seguía en la labor.

A la mañana siguiente los dos Ángeles continuaron su camino, apenas sin hablar, pues aún al joven Ángel no se la había pasado la frustración.

De nuevo al caer la noche llegaron a la puerta de otra casa, esta vez era la morada de un matrimonio de granjeros pobres y humildes. Al pedir un lugar para poder pasar la noche, los granjeros invitaron a los Ángeles a su mesa, compartieron su comida y viendo el  cansancio que se reflejaba en sus rostros, les ofrecieron su propio dormitorio que era el único que existía en la pequeña casa.

A la mañana siguiente encontraron al matrimonio de granjeros llorando en el establo, durante la noche, la única vaca que poseía había muerto. Los pobres granjeros se lamentaban porque la vaca era casi el único recurso con el que contaban para poder subsistir.

E l joven Ángel, miró con desesperación a su anciano compañero esperando alguna respuesta. Su compañero lamentó la pérdida de la vaca de forma cortés y se despidió del desolado matrimonio continuando el camino.

Cuando se hubieron alejado unos metros, el Ángel joven estalló, volviendo a repetir, “No es justo!!, No lo comprendo!!. En la primera casa nos trataron mal y ayudaste a aquel rico avaro y estos pobres granjeros nos han ofrecido lo poco que tenían y no has hecho nada por ayudarles!!” A lo que el viejo Ángel volvió a contestar “Las cosas no son como parecen!

Pero compadeciéndose del desespero de su joven amigo y discípulo le dijo; “Cuando estuve en la vieja casucha y vi el agujero de la pared observé que en su interior se encontraba un suculento tesoro de joyas y oro y como no era necesario que aquella familia cumulara mas riquezas tapé el agujero para que no lo pudieran encontrar. En la casa del granjero cuando estaba todo el mundo durmiendo la muerte vino a visitarnos y quiso llevarse a la esposa del granjero, yo la convencí para que en su lugar se llevara a la vaca! Como ves, Las cosas no son como parecen!!!”

Después de eso el joven Ángel calló y meditando ambos continuaron su camino.

 

 

 

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